
María Victoria Muñoz, de 49 años y conocida como Mavi, es la madre de Carlos, muerto hoy hace un año. Coincidiendo con el aniversario del apuñalamiento de su hijo, que se ha convertido en un referente para miles de antinazis de nuestro país. Ella es una prueba de que el valor de Carlos tenía algo de heredado. Sorprende la fuerza y entereza de alguien que hace un año tuvo que identificar en el Instituto Anatómico Forense el cadáver de su hijo, Carlos Javier Palomino, el joven antifascista asesinado a manos de un militar profesional en el metro de Legazpi.
No tiene miedo. “Yo ya no tengo nada que perder. Mientras mi esfuerzo sirva para avanzar en la lucha contra los grupos neonazis, no será en balde". Se siente orgullosa de que su hijo se haya convertido en un símbolo antinazi. “Estaba orgullosa por sus ideales, porque repudiaba las injusticias. Pero entonces sí tenía miedo, me preocupaba que se enfrentase a los fascistas, gente desalmada que no tiene respeto por la vida”, recuerda.
Los fuertes principios de Carlos los aprendió en casa. Ella siempre fue consciente de su pertenencia de clase y de la necesidad de hacer esfuerzos para conseguir un mundo más justo. Lo que más le cuesta es recordar el día de la muerte de Carlos, que junto a sus amigos tenía la intención de reventar una manifestación del partido derechista Democracia Nacional. “La noche anterior le dije que no se metiese en líos, que tuviese cuidado, y me contestó que no me preocupase, que él era fuerte y que no iba a tener ningún problema”. De camino a la protesta se cruzó en un vagón del metro a Josué Estébanez de la Hija, que tras un breve intercambio de palabras le asestó una puñalada en el corazón que acabó de inmediato con su vida. Toda la escena está recogida por las cámaras del suburbano y consta como prueba de cargo en la instrucción.
De la Hija fue arrestado en la boca del metro cuando trataba de darse a la fuga y está en prisión preventiva a la espera del juicio. Mavi quiere verle la cara, saber cómo es. La duda le carcome por dentro. “Tengo ganas de que llegue el juicio y saber cómo es el asesino de mi hijo. Quiero mirarle a los ojos”, señala con entereza. Seguirá luchando por que los hechos sean calificados como un asesinato terrorista (por el artículo 577 del Código Penal) y no como un mero asesinato.
“Espero que este año no se repita una tragedia similar, pero no lo puedo asegurar porque la Delegación del Gobierno sigue autorizando manifestaciones de la extrema derecha. Si no se hubiera autorizado aquella concentración de Democracia Nacional mi hijo estaría vivo aún.
Hace unos meses Mavi decidió crear una asociación de víctimas del fascismo, que asegura que echará a rodar en unos meses. “Desde la transición ha habido más de 170 muertos a manos de esos criminales. El fascismo no se ha acabado. Vivimos en una democracia de mentira, que da amparo y fomenta la existencia de la ultraderecha”. Se emociona cuando recuerda las últimas palabras de su hijo, tumbado en el andén y con un puñal clavado en el corazón. “Llamad a mi madre, tíos, esté donde esté. Vosotros, seguid la lucha”. Su madre ahora está aquí, en un bar de barrio, sin miedo.
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